Le Clos Alice es una de esas casas con un rico pasado, cuyos muros conservan la pátina del tiempo.
Un sello inimitable para un encanto incomparable. Hoy, completamente renovada, la antigua residencia de verano de la Condesa de Broissia recupera su destino original: ser un lugar de descanso y renovación, en un entorno bucólico en el corazón de colinas verdes.
En Le Clos Alice, nombre elegido en homenaje a la madre de uno de los dos anfitriones, todo parece tan sencillo, lejos del frenesí contemporáneo; todo invita a tomarse el tiempo, a dejarlo pasar disfrutando de cada instante de una felicidad auténtica en este entorno privilegiado. Dulzura, ensueño, descanso, bienestar… ese es el espíritu de Le Clos Alice.
La experiencia de Le Clos Alice se compone de 5 Suites de lujo, todas diferentes. Espaciosas y luminosas, prometen una estancia maravillosa marcada por una elegancia sutil y un confort de 5 estrellas. A lo largo de las estaciones, los paisajes de Arbois cambian, pero el placer de alojarse en una de estas Suites permanece intacto.
Siguiendo la tradición de las mesas de las grandes casas, Le Clos Alice recibe a sus huéspedes en su restaurante gastronómico. Allí, el Chef elabora una cocina de producto, sabrosa y auténtica, que puede disfrutarse en el comedor o, con la llegada del buen tiempo, en la terraza florida. Una oda al terruño y al patrimonio culinario del Jura, arraigado desde el siglo XVIII.
Aves de Bresse, quesos como los emblemáticos Comté y Morbier, embutidos, setas en otoño… un auténtico repertorio de saberes ancestrales y productos con sabores intensos. Con una atención muy especial a los vinos. ¿Acaso no es Arbois la capital del viñedo del Jura? Y como las grandes casas cultivan también un cierto espíritu festivo, Le Clos Alice dedica a sus huéspedes su Bar de Champán.
Renovarse en Le Clos Alice también significa disfrutar de la piscina exterior, privatizar el spa por la noche con champán y aperitivos, pasear por el parque o descubrir la región de Arbois, entre viñedos, pueblos con encanto y caminatas por el bosque. Sin olvidar la casa de Louis Pasteur, figura imprescindible de esta tierra vitivinícola.




















